Jesucristo habló de la Iglesia no como un edificio, sino como una comunidad viva fundada en la fe. Sus palabras revelan el propósito espiritual, la autoridad y la misión que tendría la Iglesia en el mundo. Comprender su enseñanza ayuda a vivir la fe de forma auténtica y activa.
La Iglesia fundada en la fe
Jesús declara: “Sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mateo 16:18). El contexto muestra que la Iglesia se edifica sobre la confesión de fe en Cristo como el Hijo de Dios, no sobre estructuras humanas. La enseñanza central es que la Iglesia tiene origen divino y permanece firme ante cualquier oposición.
Una comunidad, no un templo
Jesucristo enfatizó la comunión entre creyentes: “Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20). Aquí enseña que la presencia de Dios habita en la unidad y el amor entre sus seguidores, más allá de un lugar físico.
Autoridad espiritual y servicio
Jesús también habló de la autoridad espiritual de la Iglesia, pero ligada al servicio: “El que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor” (Marcos 10:43). El liderazgo cristiano no se basa en poder, sino en humildad y entrega.
Una misión en el mundo
Antes de ascender, Jesús encargó una misión clara: “Id y haced discípulos a todas las naciones” (Mateo 28:19). La Iglesia existe para anunciar el evangelio y reflejar el amor de Dios mediante acciones concretas.
Aplicación para la vida diaria
Vivir la Iglesia hoy implica participar activamente, amar al prójimo, servir con humildad y mantener una fe firme en Cristo. Cada creyente es parte del cuerpo de la Iglesia y responsable de dar testimonio con su vida.
Conclusión
Jesucristo enseñó que la Iglesia es una obra viva de Dios, sostenida por la fe, el amor y la misión. No se limita a muros, sino que se manifiesta en corazones transformados que viven conforme a su palabra.



