Cuando pensamos en Jesucristo, solemos imaginarlo enseñando, sanando o hablando del amor y el perdón. Pocas veces lo asociamos directamente con la risa. Sin embargo, aunque la Biblia no describe a Jesús riendo explícitamente, sus palabras revelan una profunda comprensión del gozo, la alegría y la verdadera felicidad, elementos muy ligados a la risa.
La risa como fruto del gozo verdadero
Jesús habló muchas veces del gozo como algo que nace de una relación con Dios. En Juan 15:11 dijo:
“Estas cosas os he hablado para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea completo”.
La risa sana y sincera suele ser una expresión natural de ese gozo interior. No se trata de una risa superficial, sino de una alegría que brota desde el corazón cuando hay paz, esperanza y amor.
“Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis”
Una de las frases más claras de Jesús sobre la risa está en Lucas 6:21:
“Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis”.
Aquí Jesús no se refiere solo a reír físicamente, sino a una promesa de restauración. Él reconoce el dolor humano, pero asegura que no es eterno. La risa aparece como símbolo de consuelo, justicia y alegría futura para quienes confían en Dios.
Advertencia sobre la risa vacía
Jesús también hizo una advertencia importante en Lucas 6:25:
“¡Ay de vosotros, los que ahora reís! porque lamentaréis y lloraréis”.
Esto no significa que reír sea malo, sino que Jesús distingue entre una risa superficial, burlona o egoísta, y una alegría verdadera. La risa que ignora el sufrimiento ajeno o se basa solo en placeres momentáneos no llena el alma.
Jesús y la alegría compartida
Jesús participó en celebraciones, como las bodas de Caná (Juan 2). Estar presente en una boda implica compartir momentos de alegría, conversación y, muy probablemente, risas. Esto muestra que Jesús no rechazaba la alegría humana, sino que la vivía y la transformaba.
La risa que agrada a Dios
Desde la enseñanza de Jesús, podemos entender que:
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La risa que nace del amor, la humildad y la gratitud es buena.
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La risa que consuela, une y sana refleja el corazón de Dios.
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La risa que se burla, humilla o ignora el dolor no va de la mano con el mensaje de Cristo.
Conclusión
Jesucristo no prohibió la risa; al contrario, prometió alegría a los afligidos y enseñó un gozo profundo que transforma la vida. Reír no es contrario a la fe, siempre que esa risa esté acompañada de compasión, verdad y amor.
La risa, cuando nace de un corazón limpio, puede ser también una forma de agradecer a Dios por la vida.



